Hola 👋 bienvenido a la Newsletter de 🎖️Team Hackers.
Soy Felipe Polo y escribo esta newsletter para ayudar a fundadores y operadores de compañías a generar autonomía y equipos más fuertes.
El famoso 80/20 (estarás aburrido de leer sobre ello) es una de las reglas más citadas en el mundo empresarial y, probablemente, la que peor se aplica.
El principio viene a decir algo así: el 80% de los resultados viene del 20% de las causas. Se utiliza para sonar muy estratégico en las reuniones, pero en la práctica no acaba moviendo tanto la aguja.
Y es que este principio pide algo difícil de ejecutar: abandonar iniciativas.
Identificar lo importante es la parte fácil, hasta empoderador. Pero abandonar cuesta. Nos pasa con las decisiones, con los roles, con esa camiseta que te da pena tirar y con esa relación que ya no te aporta nada.
De un economista italiano a las fábricas de Juran
Vilfredo Pareto era un economista italiano. Alrededor de 1906 observó que cerca del 20% de la población poseía el 80% de la tierra en Italia. Describía una distribución concreta en un país concreto, sin pretender convertirlo en ley universal.
Pero cuarenta años más tarde Joseph Juran, uno de los padres de la gestión de calidad, retomó la idea al analizar defectos industriales. La bautizó como la regla de “los pocos vitales y los muchos triviales”. Juran observó que atacar ese subconjunto de problemas de calidad mejoraba el resultado con mucho menos esfuerzo que intentar corregirlos todos a la vez.
Conviene realizar un apunte: Pareto es una observación empírica que reaparece con proporciones distintas, 80/20, 90/10, 70/30. Nunca fue un teorema matemático con demostración, pero la proporción exacta en realidad importa poco.
Lo que importa es la asimetría.
En casi cualquier sistema que dirijas, el impacto se concentra en unas pocas causas. Y si el impacto es asimétrico, tu atención y esfuerzo también debería serlo.
La aritmética que hay detrás
La ingeniería de software es un buen sitio para entender la asimetría con números, porque en nuestra industria todo se mide (o es susceptible de ser medido).
Microsoft descubrió que alrededor del 20% de los bugs de Windows y Office causaba el 80% de los pantallazos azules. Y que un 1% de los bugs provocaba cerca de la mitad de los errores. Al enfocarse en ese 1% al 20% de fallos críticos, mejoraron la estabilidad para casi todos los usuarios en poco tiempo.
Un equipo de producto analizó el uso real de sus 50 funcionalidades. Entre 5 y 10 (un 10% al 20%), concentraban más del 80% del uso. El resto ampliaban la interfaz, el mantenimiento y la deuda técnica.
La realidad es que nadie las echaría de menos si se eliminaran.
Ahora la parte que personalmente me impacta más. Si aplicas el 80/20 dos veces seguidas, el 20% del 20% (es decir un 4% de las causas), produce el 64% del resultado.
Un vendedor de cada veinticinco, una funcionalidad de cada veinticinco o un cliente de cada veinticinco.
Ese 4% es donde deberían estar tu mejor gente y tu propio tiempo, y casi siempre lo repartimos por igual sobre el 100%.
Y es importante interiorizar que en el mundo empresarial (al contrario de lo que nos han enseñado con nuestro sistema educativo) es mucho mejor ser sobresaliente en unas pocas cosas que mediocre en todo.
Tres formas de aplicarlo
1. Ponle un número al reparto antes de opinar. Antes de discutir prioridades, mide con datos dónde está la asimetría de verdad: qué clientes, qué funcionalidades, qué canales, qué reuniones. La intuición de un CEO sobre su propio 20% suele estar bastante sesgada si no se apoya en datos.
2. Decide qué haces con el 80%, en voz alta. Tener un long tail es normal. El error está en mantenerlo de manera reactiva. Cada elemento del 80% merece una etiqueta explícita: se mantiene, se simplifica o se elimina. Lo que no se etiqueta se queda por defecto, y el default siempre es “seguir consumiendo recursos”.
3. Protege tu propio 4%. Aplica la regla a tu calendario antes que al de nadie. Si el conjunto de decisiones que solo tú puedes tomar ocupa el 10% de tu semana, tu semana está mal repartida.
Ojo: el 80% no siempre es basura
Es peligroso aplicar Pareto de manera ingenua. El long tail no siempre es desperdicio.
Unas veces es la base de un funnel que alimenta el 20% de la actividad del futuro.
Otras veces es opcionalidad barata: una apuesta pequeña que un día se convierte en el núcleo.
Y otras veces es seguro, marca o relación que no aparece en el informe de P&L.
Cortar por la línea del 80/20 sin pensar en las consecuencias puede frenar lo que iba a generar un efecto compuesto en el futuro. La distinción que uso: separar lo que drena de lo que compone.
Lo que drena consume recursos y no crece. Eso decido eliminarlo.
Lo que compone todavía no se rentabiliza, pero acumula y se notan brotes verdes (una relación, un mercado incipiente, un producto en fase temprana). Eso se protege, aunque hoy viva en el 80%.
La clave está en no llamar “semilla” a lo que en realidad es un vertedero de recursos que no quieres clausurar.
Pareto te dice dónde mirar pero no te dice qué cortar - esa parte sigue siendo personal e intransferible.
Lo que me llevo
Tres ideas para llevarte:
La asimetría manda. En casi cualquier sistema que dirijas, un conjunto de causas produce la mayoría del resultado. Repartir la atención por igual es un error de base.
Encontrar el 20% es fácil. Depriorizar el 80% es el trabajo. Y ese trabajo casi siempre es del que está al mando, porque exige autoridad para decir que no.
Distingue lo que drena de lo que compone. Pareto señala dónde mirar, pero la decisión de qué cortar y qué proteger solo la puedes tomar tú con tu criterio.
Para cerrar, una pregunta: si mañana tuvieras que reasignar tu mejor 20% de recursos al 4% que más pesa, ¿qué tendrías que soltar hoy, y por qué llevas meses sin hacerlo?
Hasta la semana que viene.
